11 septiembre 2009

 

Vanessa y Verónica

Vanessa era una joven de Gijón que estudiaba Terapia Ocupacional en la Universidad de Talavera. Junto con otras 2 chicas alquiló un piso en la Calle de los Templarios para que los gastos fueran menores. Durante el segundo curso, suspendió 2 asignaturas y sus padres le enviaron el mes de agosto para estudiar.

Una noche de verano en la que estaba sola, 4 golpes secos sonaron a su puerta. La joven creyó que se trataba de algún amigo para salir a tomarse una copa, pero ¡oh, sorpresa!, se trataba de una niña de alrededor de 7 años, llamada Verónica.

La niña, de hermosos tirabuzones rubios y grandes ojos castaños, miró a Vanessa y le dijo que se había perdido, por lo que la dejó entrar, le preparó un vaso de leche y le dijo que iba a llamar a la Policía.

Verónica le rogó que no lo hiciera esa noche, pues tenía mucho sueño y quería dormir. ‘La Vane’ accedió y le preparó la cama. Por la mañana temprano, cuando iba a llevarla a la Policía, entró en el cuarto y vio que la niña no estaba.

Un año después, en idéntica situación, la niña volvió a aparecer. Parecía que no había crecido nada. De nuevo le preparó la cena y le dejó dormir, pero al día siguiente volvió a desaparecer sin dejar rastro. Vanessa fue a la Policía y dio todos los datos de la chiquilla, pero no se habían producido denuncias ni nadie había reclamado una desaparición.

Tras dar muchas vueltas, la estudiante llegó al Hospital de San Prudencio. Un hospicio para niños y niñas huérfanos. Allí la madre Sonsoles le explicó que no tenían ninguna niña de esas características. Y justo cuando se disponía a salir del lugar, otra monja llegó con un calendario de 2 cursos atrás. Allí estaba la foto de Verónica, tal y como le había visto.

-Sí, ¡es ella!, gritó.
Las 2 monjas se miraron extrañadas, pues murió hace 2 años.

Aquella noche, 4 golpes secos sonaron en la puerta de Vanessa. La muchacha observó por la mirilla de la puerta. Allí estaba de nuevo Verónica, con los brazos cruzados y cara de enfadada.

-Has tardado mucho en abrirme, tengo hambre y sueño, dijo la niña.

Vanessa, aterrada, preparó todo como lo había hecho habitualmente, y cuando acostó a Verónica no pudo soportar el terror y entró despacio a su habitación. La niña estaba totalmente arropada. Vanessa retiró la sábana y bajo ella, como un suspiró, pareció desvanecerse un cuerpecito en una nube.

Sobre la almohada, con letra infantil y varias faltas había una nota que decía: “Gracias por la leche y los dulces, ahora tengo que irme a llevar al infierno a las otras 3 chicas que no me dejaron entrar a sus casas”…

Loinexplicado.galeon.com; publicado el día 7 de septiembre en El Diario Los Andes

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gracias por el aviso, si alguien llama a nuestra puerta abriremos!!
 
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