23 febrero 2009

 

La dignidad es terapéutica

-¿Ha tenido un paciente inolvidable?
-Otros reían al verlo. A mí se me hizo un nudo en la garganta cuando lo conocí. Llevaba 30 años, toda su vida, en un manicomio. Iba siempre en pijama, fumaba un cigarrillo tras otro y no hablaba. Los enfermeros -”¡Salta, Tony, salta!”- le hacían dar piruetas para divertirse.
-¿Usted le curó?
-Curar es un verbo difícil de conjugar en psiquiatría. No fui yo, la verdad, sino un grupo de jóvenes voluntarios entusiastas que no eran psiquiatras. Lo llevaron a un piso con otros enfermos y le enseñaron, poco a poco, a cocinar, a fumar menos, a ver la tele y poder comentarla, a vestirse bien…
-Necesitaron paciencia.
-Mucho menos de lo que yo creía. Los psiquiatras, mientras tanto, miraban con conmiseración a aquellos muchachos, que enseñaban a coser a un caso perdido. Hace poco volví a ver a Tony…
-¿Y…?
-Vive en un apartamento él solo, me saludó y habló conmigo. Tiene una asistenta dos horas al día y no se gana la vida, pero… ¡por Dios, no da piruetas! ¡Y los vecinos le llaman “don Antonio” con respeto!
-Bien.
-Hoy es una persona, porque esa es la primera lección: la dignidad es terapéutica; la otra es que no hay casos imposibles.

Benedetto Saraceno
Visto en el Blog del Proyecto Chamberlain. Gracias a Nora por ponernos sobre la pista.

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Tu comentarios:
Gracias! Totalmente de acuerdo, la dignidad por encima. La importancia de la persona.
 
Me ha encantado.......
 
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