14 febrero 2006

 

Caricias Rehabilitadoras


Moisés, uno de los presos del hospital psiquiátrico penitenciario de Sevilla, confiesa que está emocionado con la aparición de Mora y Rubio. Aunque no de manera oficial, los dos perros que acaban de llegar al centro, macho y hembra, ya tienen nombre, además de hogar y cuidadores habituales.

Los dos ejemplares de Labrador, de tres y cuatro meses respectivamente, forman parte del programa terapéutico para fomentar la afectividad de los reclusos que ha iniciado el equipo del centro con la ayuda de la Fundación Afinity. Esta organización, además de exportar sus conocimientos, ha financiado gran parte del programa. La adquisición, la manutención, los comederos y las instalaciones caninas han corrido de su cuenta.

Para la quincena de internos que formarán parte de este programa, los beneficios que pueden aportar dos simples perros son muchos. "Se trata de personas que han perdido capacidades cognitivas y afectivas. Muchos son psicóticos o esquizofrénicos que se levantan cada mañana con apatía y a los que les cuesta integrarse. Al relacionarse con los perros, buscamos que la afectividad y la autoestima les permitan rehabilitar esa parte que está deteriorada", explica José Vidal, director del hospital.

Mientras Moisés acaricia al pequeño de color canela, Rubio, Antonio, otro de los internos, juega con Mora. "Cuando venimos por las mañanas nosotros nos encargamos de limpiar los comederos y arreglar todo y Antonio sale a correr con los perros, le encanta", explica Modesto, otro de los recursos, sobre su compañero. "A estos animales les gusta jugar más que nada", dice sonriente este último.

Modesto lleva 15 años en el hospital y ha pasado por muchos de los programas del centro. "Esto antes era una escombrera, ahora es un bonito jardín. Lo hicimos nosotros. Porque aquí de lo que se trata es de pasar el tiempo lo más entretenidos que sea posible", afirma.

De los más de 160 pacientes que tiene el hospital el equipo de este programa, formado por un psiquiatra, un psicólogo, un médico, un trabajador social y un adiestrador, seleccionará a ocho para realizar labores de adiestramiento y cuidados y a otros siete u ocho para aplicarles la terapia afectiva. "Este tratamiento servirá para que se sientan más seguros y se comuniquen más, tanto entre ellos como con el personal del centro", aclara Luis Sánchez, subdirector de tratamiento del centro.

Por ahora, en el jardín del hospital viven los dos cachorros. Pero los directores del programa no se oponen, en un principio, a que la familia canina crezca. "Dependerá del funcionamiento de la terapia. Quién sabe, si va bien, quizá permitimos que se apareen y damos crías a los internos cuando salgan", comenta Sánchez.

Para que el tratamiento tenga éxito será fundamental el trabajo de adiestramiento de las mascotas. Manuel Rodríguez, de School Canin, se encargará de esta tarea. "Los internos tendrán que enseñarles a andar con la correa y a sentarse cuando lo ordenen, entre otras cosas. Así se sentirán útiles". Aunque todavía los perros son muy jóvenes para obedecer a todo. "En ocho o nueve meses estarán listos", prevé el técnico.

Pilar Choza, Sevilla [Publicado en EL PAIS; 14 de febrero de 2006]

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